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Más allá de mirar: creatividad y profundidad en el estudio de pinturas

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El arte no solo se estudia. Se vive.

Ya hemos hablado de cómo una buena sesión de estudio pictórico no necesita ser larga ni complicada. Lo más importante es mirar de verdad. Pero hay algo más que puede surgir en el niño después de ese mirar: el deseo de expresarse.

Y ahí es donde entran la creatividad y la conexión profunda con el artista por medio de las biografías vivas.


Cuando el arte despierta algo en el niño

Hay niños que, después de observar una pintura, simplemente pasan página. Pero otros quieren hacer algo con lo que han visto. Esto es debido a que sienten dentro una especie de impulso artístico: una parte que les gustaría replicar, una historia que se les ocurre, una imagen que quieren dibujar, una escena que les gustaría representar.

Ese impulso creativo no recomiendo dirigirlo. Pero creo que es muy valioso y que sí hay que protegerlo.

Para ello, basta con tener unos pocos materiales a mano y dejar que, si quieren, respondan al arte con arte. Aquí van algunas ideas sencillas que pueden surgir de forma natural:

  • Dibujo espontáneo: un boceto rápido del cuadro, o de una parte de él. No suele ser para copiar: es para fijarse mejor en cómo están dispuestos los elementos o por mera diversión.
  • Narración escrita: inventar una pequeña historia sobre lo que ocurre en la pintura, o sobre uno de sus personajes. Si son muy pequeños, pueden narrarla oral y escribirla tú o los hermanos mayores.
  • Teatro: representar lo que se ve en la escena, incluso dándoles libertad para inventarse los diálogos.
  • Música: componer (o elegir) una banda sonora que acompañe la imagen, si tienen sensibilidad y habilidades musicales.

Nada de esto es obligatorio. Pero estas respuestas posibles que se dan muchas veces, todas ellas válidas.


Dar un paso más: conocer al pintor

Después de varias sesiones con un mismo artista, es un buen momento de ir más allá de sus obras y acercarnos también a su vida. Porque cuando un niño empieza a sentir familiaridad con un estilo o una serie de cuadros, ponerle rostro a ese autor transforma la experiencia. A mí me gusta más hacerlo así que al contrario, me parece que el efecto de leer una biografía y después observar las obras es muy inferior a hacerlo al contrario.

Para profundizar en la vida del autor tenemos varias opciones:

  • Leer una biografía viva y breve. No hace falta que sea con mucho detalle. Basta una historia contada con humanidad y sobre todo que tenga ideas vivas que transmitir, que conecte la vida del artista con su obra.
  • Escuchar música de la época. Esto puede crear una atmósfera cultural muy rica, y conversaciones muy interesantes. Puede hacerse también con la literatura.
  • Replicar una técnica o un detalle. Si el niño ya tiene herramientas y gusto por el dibujo, puede intentar pintar siguiendo el estilo del artista.
  • Situar al artista geográficamente. Ubicar el lugar donde vivió, e incluso explorar un poco sobre la historia o costumbres de ese país o época. Todo esto abre un mundo de lecturas y materiales enriquecedores alrededor de las obras estudiadas y del artista.
  • Incluirlo en el libro de centurias. Esto permite que el niño sitúe al pintor en su línea del tiempo personal, conectándolo con otras figuras que ya conoce y situándolo en el tiempo.

Hacer nuestro lo aprendido

Cuando un niño escucha, dibuja, canta o escribe desde lo que ha visto, el arte se le queda dentro. Y si completamos con una profundización en el artista lo que adquirimos ya no es solo información sobre un cuadro, o un nombre aprendido: es toda una vivencia. Una experiencia que construye su sensibilidad estética, su capacidad de observación, y su amor por lo bello.

Esto es lo que buscamos con el estudio de pinturas: no acumular datos, sino formar una mirada. Una que sepa detenerse, conmoverse y responder. Recuerda además que esto no va tanto de cantidad, sino de calidad. Suele encontrarse una imagen de un niño en una especie de museo en su imaginación, como si lo valioso fuera que coleccionara en su mente numerosas obras. Esta idea es de Charlotte Mason y tiene su sentido. Pero no debe pervertirse ni perderse por esta imagen la idea esencial: es mucho más valioso guardar en el corazón una auténtica profundización en una sola obra que intentar abarcar autores y autores sin cuidar el riesgo de que al hacer esto ninguna obra pase verdaderamente por el corazón del niño.

Si todo esto te ilusiona pero no sabes por dónde empezar, pronto compartiré contigo recursos que une arte, poesía, música y momentos compartidos en casa. Será sencillo, adaptable a la vida real, y diseñado para que puedas hacerlo tuyo sin complicaciones. Porque el arte, cuando se vive en familia, se convierte en algo más que contenido educativo: se convierte en herencia.


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